El Humanismo
Lo
que en la discusión pública se designa como humanismo,
significa en general humanidad. Y quien da a entender humanidad,
quiere en cualquier forma proteger al hombre del colectivo gris
que él mismo ha creado, quiere protegerlo de su desaparición
por sus máquinas y el aparato de su organización,
quiere recordarle que él, como hombre que trabaja, debe
distinguir entre sí mismo y los aparatos de su trabajo,
y quiere preservarlo de ser objeto de esclavo de una tutela de
cualquier género. De esta forma el Humanismo, al ampliar
el espíritu y el corazón, conduce a un sentimiento
de amplia humanidad.
El hombre y la humanidad precisan, hoy más que nunca, encontrar
las raíces de su comportamiento, circunstancia que convalida
la convicción de que sólo instituciones como la
nuestra, integrada por miembros animados de espíritu reflexivo,
sin ofuscaciones contingentes perturbadoras, con honestidad, sin
odios ni resentimientos, con el corazón y la mente exentos
de pasiones subalternas, son capaces de orientar a la humanidad
por rutas dignas y promisorias, instándolas a su constantes
superación y desarrollando en ella sentimientos superiores
de solidaridad, abnegación y desprendimiento.
La Masonería centra su principal interés en el hombre
y, a través de él, pretende mejorar la sociedad
en que vive y convive. Es en ese hombre en quien inculca el conocimiento
de sí mismo para que conozca y ame a los demás hombres.
Con renovada fe en ese hombre y en su destino inconmensurable,
le estimula a practicar incesantemente la fraternidad, le enseña
a creer en la ciencia y en sus efectos benéficos para el
conglomerado social; le cultiva para dominar y humanizar la tecnología
a fin de ponerla al servicio de los hombres, permitiéndoles
satisfacer en plenitud sus necesidades, sin que se originen odiosas
situaciones de marginalidad.
Los impulsa a luchar activa y fervorosamente por la paz, con el
objeto de crear y perfeccionar el escenario propicio en donde
el hombre pueda desarrollarse integralmente y lograr su felicidad.
Cuida que la trascendencia del hombre incida directamente en el
bienestar de los demás, con el noble propósito de
mejorar a la humanidad y establecer las bases de una vida superior,
más justa, más fraterna, más feliz.
La Orden Masónica, en fin, cree en la perfección
del ser humano, en su destino y en su dignidad. Pretende esa excelencia
por medio de la formación de conciencias eruditas por la
caridad de la razón, la indagación de la verdad
y el análisis de la ciencia.
(Extracto de un trabajo sobre El Humanismo, preparado por
el Q:.H:. L:. A:. S:., aparecido en la Revista Masónica
Nº 5-6 de 1998)