"LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS
Y
LA BIOTECNOLOGÍA"
Por: Hiram Abif
La biotecnología, como su nombre lo indica
es una técnica aplicada a la biología, es decir,
a los seres vivos. Los primeros indicios de biotecnología
se remontan al 8.000 A.C. en Mesopotamia, en la que seleccionaban
los mejores elementos del ganado para su reproducción,
lo que aseguraba una reproducción exitosa y ganado más
fuerte, sano y productivo. En el 6.000 A.C., en Medio Oriente
se comienza a fabricar cerveza utilizando levadura. En el 4000
A.C. en China se comienzan a utilizar las bacterias para la producción
de yogurt y queso. Y en el año 2.300 A.C. en Egipto ya
se comienza a fabricar pan con levadura. Estos ejemplos nos muestran
que la humanidad siempre ha tratado de mejorar las técnicas
y medios de obtención de alimentos desde la antigüedad,
sólo que los métodos eran más artesanales,
si los comparamos con los que disponemos ahora.
Fue en el año 1590, con la invención
del microscopio por Zacarías Janssen, que la humanidad
pudo descubrir el microuniverso que yacía oculto a sus
ojos. Se descubre la célula en 1665, por Robert Hooke.
En 1865, Gregor Mendel realiza sus famosos experimentos con plantas,
en que descubre cómo se traspasan las características
de una generación a otra. Cabe destacar que sólo
los hizo en plantas, ya que era un clérigo y le estaba
prohibido experimentar con animales o personas, porque atentaba
contra la obra de Dios. En 1865, Louis Pasteur define el rol de
los microorganismos y sienta las bases para la microbiología.
Y es en 1919, cuando el ingeniero húngaro Karl Ereky, acuña
el término Biotecnología al utilizar remolacha azucarera
como alimento primario para un proceso de producción en
masa de cerdos.
En 1953, se descubre la estructura de doble hélice
de la molécula de ADN por los científicos James
Watson y Francis Crack. En 1965, el biólogo norteamericano
R. W. Holley "leyó" por primera vez la información
total de un gen de la levadura, lo que le valió el Premio
Nobel. En 1970, el científico estadounidense Har Gobind
Khorana consiguió reconstruir en el laboratorio todo un
gen. En 1973, se desarrolla la tecnología de recombinación
del ADN por Stanley Cohen, de la Universidad de Stanford, y Herbert
W. Boyer, de la Universidad de California. En 1976, el anteriormente
mencionado Har Gobind Khorana sintetiza una molécula de
ácido nucleico. En 1976, Robert Swanson y el Dr. Herbert
Boyer crean Genentech, la primera compañía
de biotecnología. En 1982, se produce insulina para humanos,
la primera droga derivada de la biotecnología. Su nombre
comercial Humulina. En el 2003, cincuenta años después
del descubrimiento de la estructura del ADN, se completa la secuencia
del genoma humano.
Como podemos apreciar, en un breve período
de tiempo para la humanidad, desde que visualizamos cómo
está compuesto el mundo a través de un microscopio
hasta la fecha, se han desentrañado grandes misterios de
cómo funciona la vida y cómo está compuesta.
Pero he aquí que también en el año 1970,
previendo quizás las implicaciones futuras de estas investigaciones,
el oncólogo norteamericano Van Rensselaer Potter, publica
un artículo en la revista de la Universidad de Wisconsin,
"Perspectivas en Biología y Medicina " y cuyo
título ostentaba por primera vez el siguiente término:
"Bioética: la ciencia de la supervivencia". Posteriormente,
el año 1971, Potter publica un libro con el título
de "Bioética: Puente hacia el futuro", en el
cual se recogen varios de sus artículos.
La bioética se define como el estudio
sistemático de la conducta humana en el área de
las ciencias biológicas respecto a los valores y principios
morales.
Ahora ¿Por qué saco a colación
la Bioética? Debido justamente al desarrollo de la biotecnología
en áreas y temas que atañen justamente a la ética
y la moral. Si bien son innegables los avances y logros de la
biotecnología en muchos aspectos de la calidad de vida
de los seres humanos, no es menos cierto que esto tiene un costo
que a veces desconocemos. "Ojos que no ven, corazón
que no siente".
La biotecnología, que al final no es una
sola tecnología sino un compendio de ellas, -las cuales
se han concentrado en tres áreas principales: los aparatos
médicos, los productos farmacéuticos, y las tecnologías
innovadoras aplicables a la agricultura, la energía y el
medio ambiente-, se presenta como una ciencia y tecnología
al servicio de la humanidad. Pero ¿es tan cierto esto?
¿Es la humanidad la que se beneficia o sólo algunos?
Desde el año 1976, fecha en que se creó la primera
compañía biotecnológica, hasta la fecha,
cerca de 4.000 empresas se dedican a esa área, principalmente
concentradas en Estados Unidos, Europa y Asia, siendo una de las
que más millones de dólares genera al año.
Sólo en Taiwán se generaron 4.920 millones de dólares
en el 2006 por concepto de biotecnología.
Ahora, lo que el mundo desconoce es la gigantesca
carrera comercial que hay detrás de la Biotecnología,
y que parte principalmente por el hecho que gran parte de los
estudios son realizados por grandes corporaciones que buscan el
lucro con los nuevos descubrimientos. El caso más famoso
es el de la bacteria que se alimenta de petróleo. En 1972,
el microbiólogo Chakrabarty y la empresa General Electric,
fueron a patentar en EE.UU. la invención de un microorganismo
que se alimentaba de los derrames de petróleo. Dijeron
que lo habían modificado, por lo que era un invento La
oficina de patentes y el Gobierno norteamericano de la época
lo rechazó, argumentando que no se podía patentar
seres vivos. Es entonces cuando General Electric y Chakrabarty
apelan a la Corte Suprema y por increíble que parezca les
otorgan la razón, desacreditando la anterior sentencia.
Siete años después la oficina de patentes de los
EE. UU. emite un documento en el que dice: "Se puede patentar
toda cosa viva, menos un ser humano que haya nacido."
A partir de ese entonces se ha patentado una
infinidad de organismos vivos creados a partir de modificaciones
genéticas: ratones con mayor propensión a desarrollar
cáncer, al que le fue injertado material genético
humano; cerdos capaces de generar leche humana, etc. El asunto
es que actualmente una empresa o compañía puede
ser dueña de toda una especie o subespecie viva. En estos
momentos se realiza desde los años 70 una verdadera cacería
de material genético, buscándolo en sectores aislados,
extrayéndolo, sintetizándolo y luego comercializándolo.
Entre los casos emblemáticos de uso de
material genético humano se puede citar el del señor
John Moore. En 1976, por sugerencia de su doctor el señor
David Golde, del Centro Médico de la Universidad de California.
al señor Moore le fue amputado su brazo, porque padecía
de tricoleucemia, Luego, su brazo cercenado fue objeto de estudios
y a partir de él se generó una línea celular
a partir de los linfocitos T extraídos que fueron modificados
genéticamente, para generar una medicina para este tratamiento,
la que generó ganancias sustanciales para el doctor Golde,
del orden de billones de dólares, ante lo cual fue demandado
por el señor Moore porque quería participar de las
ganancias que su brazo amputado había generado.
También está el caso de los hagahai.
El pueblo hagahai es un grupo indígena de Papúa,
Nueva Guinea. Vivió aisladamente hasta 1984, cuando buscó
ayuda debido a que una enfermedad estaba afectando a la comunidad.
Los investigadores hallaron que los miembros de la tribu portaban
un gen que predispone al organismo humano a padecer leucemia,
si bien los propios miembros de la tribu no manifestaban los síntomas
de la enfermedad. El análisis posterior de las muestras
de sangre puso de manifiesto la existencia de un virus, que abría
la posibilidad de desarrollar una vacuna para determinados tipos
de leucemia.
En 1991, los Institutos Nacionales de la Salud
de los Estados Unidos solicitaron la protección mediante
patente de una línea celular obtenida a partir del ADN
de un donante hagahai. La invención se refería a
una línea celular infectada con una variante de virus linfotrófico
T humano y a vacunas humanas contra infecciones y enfermedades
provocadas por virus afines. La patente, a la que posteriormente
se renunció, levantó una controversia sobre si se
había obtenido o debía haberse obtenido el consentimiento
del donante antes de patentarse la línea celular resultante.
Los relatos sobre lo que sucedió realmente varían
considerablemente. Sin embargo, el hecho que el material genético
proviniera de un grupo étnico hizo que el caso resultara
particularmente delicado, y dio lugar a acusaciones de biopiratería.
Actualmente las comunidades indígenas
se han convertido en objetivo central de las actividades de bioprospección.
La búsqueda de material genético explotable industrialmente
no se limita a los organismos animales o vegetales. Las posibilidades
de desarrollar nuevos productos y servicios en el campo de la
medicina han impulsado a empresas transnacionales y gobiernos
a realizar actividades de bioprospección en seres humanos.
Países con gran diversidad étnica y cultural son
el terreno propicio para recolectar la materia prima imprescindible
en los trabajos de investigación y experimentación
que pueden conducir a la creación de nuevos productos y
servicios.
Las empresas de biotecnología, cada vez
que descubren un nuevo gen, lo aíslan y lo patentan y quizás
en el breve lapso de unos años, de manera increíble,
unas pocas compañías serán las dueñas
de los genes de la evolución de nuestra especie, y en estos
precisos momentos están patentando los genes de todas las
criaturas de este planeta. El gran problema radica en que al patentar
información genética con el argumento de producir
beneficios para la humanidad, se está realmente usurpando
de la naturaleza algo que ha tomado millones de años en
evolucionar, seccionarlo, modificarlo, almacenarlo, categorizarlo
y luego apropiarse de ello por parte de un grupo minoritario que
lo venderá, como se vende una ampolleta.
Ahora, relativo a los alimentos transgénicos,
hijos naturales de la biotecnología, podemos decir que
se desarrollaron a partir del año 1973, en que científicos
estadounidenses lograron transferir material genético de
una especie a otra, creando así la rama de la transgenia.
Generalmente, para lograr una mejora en la producción de
los cultivos, los agricultores realizaban cruces de especies a
nivel local, es decir, colocando un tipo de planta con otra variedad
de la misma especie para lograr un cruzamiento controlado. Es
algo que se puede dar naturalmente, y en este caso se busca obtener
una nueva especie con lo mejor de cada especie seleccionada. En
el caso de la transgenia, se crea algo que jamás se hubiera
gestado de manera natural, tomando material genético de
una especie e insertándolo en otra totalmente diferente.
Así, cual delirante película de
ciencia ficción de los años sesenta, hoy podemos
encontrar que tenemos frutillas con material genético de
escorpión, la cual exuda un veneno en su crecimiento, matando
a los insectos que la atacan; vacas con genes humanos para producir
leche parecida a la materna; gallinas con genes humanos para producir
insulina en sus huevos; salmones con genes de otros peces que
crecen al doble de su tamaño original, y así otros
más. Casi parece el muestrario en formalina del laboratorio
de Frankestein.
Entre las principales ventajas que suponen los
alimentos transgénicos, que promocionan sus empresas creadoras,
se tienen:
-
Rendimiento superior. El rendimiento
de los cultivos aumenta, dando más alimento por menos
recursos, disminuyendo las cosechas perdidas por enfermedad
o plagas así como por factores ambientales.
-
Reducción de pesticidas. Al resistir
a una determinada plaga se está contribuyendo a reducir
el uso de los pesticidas asociados a la misma que suelen ser
causantes de grandes daños ambientales y a la salud.
-
Mejora en la nutrición. Se puede
llegar a introducir vitaminas y proteínas adicionales
en alimentos así como reducir los alérgenos y
toxinas naturales. También se puede intentar cultivar
en condiciones extremas lo que auxiliaría a los países
que tienen menos disposición de alimentos.
Ahora, entre los riesgos de la biotecnología los ecologistas
destacan los siguientes:
-
Propagación de genes. Los organismos
genéticamente modificados podrían propagarse hacia
parientes silvestres contaminándolos y desapareciéndolos
además de que podría ser difícil controlarlos.
-
Daño colateral. Los cultivos de
organismos genéticamente modificados podrían acelerar
las mutaciones de insectos y plagas hacia formas resistentes
a las modificaciones hechas a las especies.
-
Efectos en la salud. Sin percatarse,
los organismos genéticamente modificados podrían
introducir alérgenos en el cuerpo humano.
Pero, ¿es necesario un rendimiento superior en los cultivos,
cuando actualmente en el mundo, según un estudio de la
FAO del 2001, se produce tanto alimento que se podría alimentar
a toda la población mundial? O ¿es que no será
mejor analizar la justa distribución de éstos? ¿Es
necesario desarrollar plantas resistentes a las sequías
o tal vez será mejor combatir las sequías producto
del cambio climático controlando de manera eficaz la liberación
de dióxido de carbono que emiten las grandes empresas?
Un ejemplo de estas dicotomías lo podemos ver en el caso
de la empresa productora de semillas transgénicas Monsanto,
una de las más grandes del mundo en esta área. Esta
empresa opera de una manera que raya en lo inverosímil.
Produce semillas transgénicas de maíz resistentes
a herbicidas, pero ella es quien vende el herbicida a las que
sus plantas son resistentes, además, ha incorporado en
sus semillas un gen especial que ha sido denominado bajo el no
menos sui géneris nombre de: Gen Terminator, debido a que
hace que las semillas germinen, pero las plantas resultantes son
estériles, generando así, que los agricultores tengan
que comprar más semillas para una nueva cosecha, y por
tanto más herbicidas para asegurarla. ¿Qué
agricultor del tercer mundo puede subsistir mediante tan macabro
plan?.
El 6 de agosto de 1998, Percy Schmeiser a los 71 años
de edad, fue demandado cuando su cultivo de canola convencional
resultó contaminado debido a que sus vecinos sembraban
canola transgénica de esa empresa. Schmeiser es el primer
agricultor del mundo demandado por una empresa trasnacional por
"utilizar ilegalmente" semillas modificadas genéticamente.
Su caso es un ominoso precedente de lo que puede ocurrir a cualquier
campesino cuyas tierras resulten contaminadas por variedades transgénicas.
Con este caso, Monsanto inauguró una nueva forma de actuar:
demandar a los agricultores.
El informe Monsanto vs los agricultores estadounidenses,
publicado por el Center for Food Safety de Estados Unidos, documenta
los abusos que ha cometido la empresa en ese país: se enumeran
los casos de 90 juicios en contra de 147 agricultores y 39 pequeñas
compañías agrícolas, en 25 estados. Hasta
el momento la empresa ha obtenido de los demandados más
de 15 millones de dólares.
Cabe señalar, eso sí, que hace poco Monsanto fue
demandada en Francia, ya que el herbicida que fabrica para su
maíz transgénico, el RoundUp, el que promociona
como inocuo para el ambiente y los seres humanos, se demostró
que permanece en el suelo, contamina los ríos y que es
un elemento cancerígeno. En contraparte, en Colombia y
otros países sudamericanos, los cultivos de Maíz
transgénico de Monsanto se fumigan por vía aérea
con este mismo herbicida.
¿Y qué pasa en nuestro país? Bien es sabido
lo permisiva que es nuestra legislación en cuanto al medio
ambiente se trata. No existe una legislación clara sobre
el tratamiento y cultivo de semillas transgénicas, y cuando
ésta se trató en el 2003, al crear la Comisión
Nacional para el Desarrollo de la Biotecnología, por el
Ministerio de Agricultura, se invitó a participar sólo
a estamentos privados del país. Sin embargo, sectores productivos
claves, representantes de la sociedad civil fueron excluidos.
Uno de los acuerdos establecidos es el hecho que se planteó
aumentar los productos transgénicos en los sectores agrícolas,
forestal e hidrobiológico; permitir su producción
y comercialización para consumo nacional y sólo
establece un etiquetado nutricional de los alimentos. Esto significa
que no recomienda la rotulación de los alimentos transgénicos,
negando el derecho a los consumidores a un rotulado obligatorio
y a una información veraz y oportuna de lo que se consume,
como está establecido en la Ley de Consumidor. No como
ocurre en Europa, Estados Unidos y Japón donde el rotulado
es obligatorio, e inclusive, especialmente Europa y Japón
han sido estrictos en la rotulación, como la demarcación
clara de cultivos y su aislamiento de los cultivos tradicionales.
Debido a presiones ciudadanas, apoyadas fuertemente por Greenpeace
Chile y la Fundación Sociedades Sustentables, un proyecto
de ley de Bioseguridad, cuyo contenido se ajustaba a la política
de ampliar la superficie nacional de transgénicos de uso
comercial y denegar el derecho al etiquetado de los alimentos
transgénicos, fue retirado del Congreso por falta de acuerdo,
marcando un hito en la postura de legislar clara y transparentemente
sobre los transgénicos en Chile.
Actualmente en Chile, según informe del SAG de este año,
la superficie total sembrada con alimentos transgénicos
es de 13.000 hectáreas, de los cuales casi la totalidad
no tienen cuarentena biológica, es decir, pueden contaminar
especies nativas sin que nadie se preocupe. Una de las empresas
proveedoras de semillas es Monsanto. En Chile, el 95% de los cultivos
son de maíz transgénico que se vende a Estados Unidos,
Canadá y a Argentina, el otro 5% es de soya transgénica
y otras especies. Estos cultivos están presentes en todo
el país.
Las regiones donde hay más cultivos transgénicos
son, de mayor a menor, la Sexta, Séptima y Metropolitana.
Sólo en la II y XII regiones no se informa de cultivos
genéticamente modificados. Además, el gobierno chileno
también se sigue justificando en la protección del
secreto comercial para ocultar la ubicación exacta de los
predios, imposibilitando la fiscalización ciudadana, así
como tampoco ha firmado el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad
de la Biotecnología derivado del Convenio sobre Diversidad
Biológica que fue ratificado por 140 países. Ello
obligaría al país a respetar el principio de precaución
al tomar decisiones relativas a los Organismos genéticamente
modificados.
Cabe señalar que la mayoría de los productos alimenticios
que Chile importa contienen ingredientes transgénicos que
el común de la gente ignora. Además muchos productos
elaborados en Chile utilizan ingredientes transgénicos.
La mayoría de ellos de consumo cotidiano como lo son: leches
y lácteos, bebidas, cereales, alimentos infantiles, harinas,
etc.
Entonces, difícil es pronunciarse ante tanta información
que uno desconocía. Lo que si es cierto, es la necesidad
de informarse y exigir estar informado por leyes que protejan
este derecho. Chile es un país cuya flora es 50% endémica,
siendo de un extraordinario valor estas especies vegetales. Chile
es el centro de origen de una especie de papa, de la frutilla
y el tomate y posee 32 recursos filogenéticos nativos de
importancia para la agricultura, como el poroto, quínoa,
maíz, achira, rocoto, caigua, etc., que presentan rasgos
interesantes para condiciones adversas como el calor, frío,
sequedad, salinidad, resistencia a plagas y enfermedades. No puede
ser que por intereses económicos y una ineptitud en la
legislación nacional, se ponga en peligro un patrimonio
natural de valor incalculable.
De los alimentos transgénicos está claro que se
necesita el etiquetado obligatorio. No podemos estar consumiendo
alimentos de los cuales desconocemos su origen. Es imperativo
que el Gobierno tome cartas en el asunto y exija un etiquetado
a estos alimentos, para que así el consumidor sepa lo que
contiene y será libre de elegir si lo consume o no.
Para los agricultores la biotecnología más parece
una pesadilla que la panacea ofertada por las empresas de biotecnologías.
Los supuestos beneficios de su uso se transforman en dependencia
total de los insumos para sembrar y fumigar. Es necesario fomentar
con fuerza en nuestro país la agricultura orgánica,
la que abriría aún más los mercados europeo
y asiático, que privilegian esta alternativa para la alimentación
de la población antes que los transgénicos, siendo
que ellos son productores de transgénicos.
Los supuestos beneficios de la biotecnología, parece que
no son tales como se promocionan. Es tal el afán de las
empresas de biotecnología de apropiarse de lo que está
en la naturaleza, que no escatiman esfuerzos, dinero y estrategias
para conseguirlo. ¿Cómo entender el hecho de querer
ser los dueños de todo el mapa genético de la humanidad
y los seres vivos de este planeta? ¿Acaso serán
en el futuro los dueños de cada centímetro cuadrado,
cada molécula de esta tierra y de cada gen que nos define
como seres humanos? Esto no es beneficio para la humanidad, es
riqueza para unos pocos y tener que pagar por lo que siempre ha
estado presente por millones de años en la naturaleza.
Habrá que decir qué hacer: si valorar la vida y
lo que ella representa y buscar medios de producción que
honren este respeto a la vida o simplemente considerarla como
una oportunidad de negocios y dejar que el mercado o la bolsa
de valores decida.
Me es difícil dar una conclusión final, ya que
en mi condición de transplantado renal, sé que gracias
a la biotecnología se desarrollaron las técnicas
que hoy me permiten hacer una vida normal, pero detrás
de esto hay una sombra que se extiende más allá
de nuestro conocimiento. Novartis, una de las grandes empresas
de biotecnología involucrada en el desarrollo de plantas
transgénicas, es la que fabrica los medicamentos que consumo
¿Qué es lo que estoy consumiendo? ¿Algo surgido
de la naturaleza o de los criterios de mercado de una empresa
para tenerme como cliente cautivo?
¡Algo se debe hacer!
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